EL APOCALIPSIS Y LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO

SALUDO A LAS IGLESIAS DE ASIA

INTERPRETACIÓN  CAPÍTULO I - VERSÍCULOS 4 - 8

 “Juan, a las siete iglesias de Asia. Reciban gracia y paz de aquel que es, que era y que viene, de parte de los siete espíritus que están delante de su trono, y de parte de Cristo Jesús, el testigo fiel, el primer nacido de entre los muertos, el rey de los reyes de la tierra, el que nos ama, y nos purificó de nuestros pecados por su sangre, haciendo de nosotros un reino y sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos, Amén. Miren que viene entre las nubes, y todos lo verán, aún los que lo hirieron, y llorarán por su muerte todas las naciones de la tierra. Sí, así será. Yo soy el alfa y la omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que ha de venir, Señor del Universo”     

En la iglesia primitiva era común leer este tipo de cartas pastorales en la asamblea litúrgica dominical. Así, no es extraño encontrar el saludo perfecto del cristiano: Gracia y paz. En estas palabras se encuentra la plenitud de la salvación que llega con Jesucristo, Nuestro Señor. Igualmente, en este pasaje encontramos la expresión “A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos, Amén”. Litúrgicamente hablando, esta expresión se conoce como doxología. La doxología es una oración de adoración que invita a la alabanza y la glorificación. En la liturgia eucarística tenemos esta doxología antes de la oración del Padre Nuestro. Con un amén, triunfal y clamoroso, la asamblea acepta y sella la plegaria eucarística del sacerdote.

San Juan saluda a la Iglesia universal de todos los tiempos en nombre de la Santísima Trinidad, es decir, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Nuestra fe es trinitaria y cristocéntrica. Creemos en tres personas diferentes, en un único Dios verdadero. Vale la pena interpretar cada frase que aparece en el texto precedente, dado el enorme contenido teológico que contiene este pasaje del Apocalipsis.

1. “Juan, a las siete iglesias de Asia”. Es el saludo inicial de San Juan a las las iglesias del Asia Menor, y a través de ellas, a la Iglesia Católica de todos los tiempos. En la Biblia, el número siete designa totalidad, plenitud. De esta manera, el escritor sagrado entrega este mensaje a la Iglesia Católica de todas las épocas. Cuando el número siete se aplica a Dios, significa perfección, puesto que en Dios está reunida toda la sabiduría, toda la virtud y toda la santidad. Un ejemplo de la utilización de esta cifra se encuentra en el evangelio de San Mateo. En este caso, significa que estamos llamados a perdonar siempre, tal como está escrito a continuación:

“Entonces Pedro se acercó y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces debo perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?’ Jesús le contestó: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete
San Mateo 18, 21 - 22

2.  “Reciban gracia y paz de aquel que es, que era y que viene”. Es el saludo entregado por San Juan en el nombre de Dios Padre Todo Poderoso. Cuando en el libro del Éxodo, Moisés le pregunta a Dios su nombre, Él le contesta: "YO SOY EL QUE SOY". Dios es aquel que siempre ha existido en el principio, desde antes de la creación del universo. Dios es el autor de la vida. Todo ser viviente y el universo entero es creado por Él y para Él. Todo ha salido de Dios desde el principio, pero para Él no corre el tiempo: Dios era, es y será siempre en el principio. Dios viene a nosotros a través de la misma creación, la naturaleza, los acontecimientos de la vida diaria, los sacramentos, las sagradas escrituras y el magisterio de la santa Iglesia Católica. El magisterio de la santa Iglesia Católica se encuentra reunido en el Catecismo Mayor escrito por San Pio X.

3“de parte de los siete espíritus que están delante de su trono”. Es el saludo que realiza San Juan en el nombre del Espíritu Santo. Los siete espíritus, mencionados en este fragmento, hacen referencia a los siete dones del Espíritu Santo, los cuales representan la plenitud del Espíritu de Dios. La expresión “que están delante del trono” significa que la fuente primaria del amor se encuentra en Dios porque el Espíritu Santo es el amor de Dios derramado sobre nosotros, amor que nace del Padre y del Hijo como se reza en el credo Niceo-Constantinopolitano. Este amor nos llega a nosotros, especialmente, a través de los sacramentos. Así es, porque así está escrito:

“Después el ángel me mostró el río de la vida, puro como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero
Apocalipsis 22, 1

En cuanto a los siete dones, son siete regalos espirituales que Dios mismo nos ofrece. Roguemos al Espíritu Santo que nos llene con estos preciosos dones y permanezcamos en gracia de Dios para recibirlos continuamente a través de los sacramentos. Los siete dones del Espíritu Santo se describen a continuación:

a.    Sabiduría. De acuerdo a San Pio X, este precioso don se define como:

Sabiduría es un don con el que alzando el entendimiento de estas cosas terrenas y caducas, contemplamos las eternas, a saber: la eterna Verdad, que es Dios, amándole y deleitándonos en Él en lo cual consiste todo nuestro bien"
San Pio XCatecismo Mayor

b.  Inteligencia. Es una gracia del Espíritu Santo para comprender la palabra de Dios y profundizar las verdades reveladas. La palabra inteligencia se deriva del latín intus legere que significa leer dentro, penetrar, comprender a fondo. Mediante este don, el Espíritu Santo, que escruta las profundidades de Dios, comunica al creyente una chispa de capacidad penetrante que le abre el corazón a la gozosa percepción del designio amoroso de Dios.

c.  Consejo. Este don ilumina la conciencia en las opciones que la vida diaria le impone, sugiriéndole lo que es lícito, lo que corresponde, lo que conviene más al alma.

d.    Fortaleza. Es la fuerza sobrenatural que sostiene la virtud moral a pesar de las dificultades y tentaciones de la vida diaria. Este don es fundamental para obrar, valerosamente, lo que Dios quiere de nosotros y sobrellevar las contrariedades de la vida.

e.    Ciencia. Este don permite al cristiano valorar rectamente la creación como dependiente del Supremo Hacedor.  Mediante esta gracia el ser humano es capaz de resistirse a peligrosas idolatrías, como: El poder, el tener, el placer, la fama, la belleza, etc.

f.     Piedad. Este don reaviva el gusto por la oración, la ternura y la humildad. Es el don por excelencia de los grandes santos de la Iglesia. La oración, como puente entre Dios y los hombres, es uno de los medios de crecimiento espiritual más importantes.

g. Temor de Dios. Es el temor a ofender a Dios, humildemente, reconociendo nuestra propia debilidad. Sobre todo, temor filial que es el amor a Dios. El alma se preocupa de no disgustar a Dios, de no ofenderlo en nada, de permanecer y perseverar en la fe, la esperanza y la caridad. Hoy en día, es el don más importante que necesita recuperar la humanidad que se ha olvidado del santo temor de Dios.

4“de parte de Cristo Jesús, el testigo fiel, el primer nacido de entre los muertos, el rey de los reyes de la tierra, el que nos ama, y nos purificó de nuestros pecados por su sangre, haciendo de nosotros un reino y sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos, Amén”. Es el saludo de San Juan en nombre de Nuestro Señor Jesucristo. La interpretación de este fragmento es extensa, dado el enorme contenido teológico de este pasaje. Para Dios: La fidelidad, la obediencia y el amor son una misma cosa. Cristo es el testigo fiel porque muestra el rostro amoroso de su Padre y es obediente a Él hasta la muerte. Para entenderlo, lee lo que está escrito:

El que conoce mis mandamientos y los guarda es el que me ama. Y mi Padre amará al que me ama a mí, y yo también lo amaré y me mostraré a él”
San Juan 14, 21

“Felipe le dijo: ‘Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta’. Jesús respondió: ‘Hace tanto tiempo que estoy con ustedes ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo pues, dices: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí?’ “
San Juan 14, 8 - 9

“Jesús les dijo: ‘Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra’ ”
San Juan 4, 34

Jesucristo es el primogénito entre los muertos. San Pablo, en su Primera Carta a los Corintios, afirma: Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe. Jesucristo es aquel que nos ama hasta el extremo de morir y resucitar para purificarnos de nuestros pecados como aparece, ampliamente, anunciado en las sagradas escrituras. Así es, porque así está escrito:

“El Padre me ama porque yo mismo doy mi vida, y la volveré a tomar. Nadie me la quita, sino que yo mismo la voy a entregar. En mis manos está el entregarla, y también el recobrarla: éste es el mandato que recibí de mi Padre”
San Juan 10, 17 - 18

“No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos”
San Juan 15, 13

“Fue tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías y aplastado por nuestros pecados. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados”
Isaías 53, 5

Nuestro Señor Jesús es Rey de reyes y Señor de señores. El reinado de Cristo no es de este mundo. El reinado de Cristo es espiritual y vive en el corazón del creyente que cumple la voluntad de Dios. El mundo contemporáneo se ha olvidado de Dios y cultiva idolatrías a otros dioses, como: El dios dinero, el dios poder, el dios fama, el dios belleza, el dios placer, etc. No te arrodilles ante ninguno de estos dioses. Arrodíllate ante Jesucristo, tu Señor y Salvador, pues está escrito:

“Por eso Dios lo engrandeció y le concedió el Nombre que está sobre todo nombre, para que, ante el Nombre de Jesús, todos se arrodillen en los cielos, en la tierra y entre los muertos. Y toda lengua proclame que Cristo Jesús es El Señor, para gloria de Dios Padre”
Filipenses 2, 9 - 11

Por el sacramento del bautismo somos: Hijos adoptivos de Dios, hermanos de Jesucristo, Nuestro Señor, y templos del Espíritu Santo. Siendo ya hijos adoptivos de Dios, y a través del sacramento de la confirmación, nos convertimos en puentes entre Dios y los hombres, conformando: Una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo elegido por Dios. El apóstol San Pedro lo explica mejor, cuando escribe:

“Ustedes, al contrario, son una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios eligió para que fuera suyo y proclamara sus maravillas. Ustedes estaban en las tinieblas y los llamó Dios a su luz admirable”
I - Pedro 2, 9

5. “Miren que viene entre las nubes, y todos lo verán, aún los que lo hirieron, y llorarán por su muerte todas las naciones de la tierra. Sí, así será. Yo soy el alfa y la omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que ha de venir, Señor del Universo”. Es una referencia directa a la parusía, la segunda venida de Cristo a la Tierra. La parusía tiene en el Apocalipsis una de sus mayores fuentes bibliográficas. En el fin del mundo, y poco antes del comienzo del juicio final, Jesucristo vendrá como justo juez de vivos y muertos. Todos lo verán, unos para alegría y gloria eterna, otros para el horror y la condenación que no tiene fin. Los que hicieron el bien, verán y alabarán a Dios por toda la eternidad, esa será su alegría y su consuelo. Los que hicieron el mal, llorarán y maldecirán a Dios porque ellos mismos asesinaron a su Señor con sus malas acciones, sus palabras necias y su falta de amor. En este pasaje se repite la profecía del Señor cuando era acusado por el sanedrín, como aparece escrito a continuación:

“Pero Él guardaba silencio sin decir palabra. Nuevamente el sumo sacerdote le preguntó: ‘¿Eres tú el Cristo, Hijo de Dios Bendito? ’ Jesús respondió: ‘Yo soy, y un día verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha de Dios poderoso y viniendo en medio de las nubes del cielo’ “
San Marcos 14, 61 - 62

Nuestro Señor Jesucristo es el alfa y la omega. Dios es el principio porque Dios es el autor de la vida. Dios es el fin porque no existe vida eterna por fuera de Dios. De Él hemos salido, a Él debemos regresar. Aquel que muere en pecado mortal ya está muerto en vida porque nunca más vuelve a ver Dios. Por eso, la felicidad eterna y definitiva del ser humano se encuentra en poder ver a su Creador en el Reino de los Cielos.

Señor Padre Todo Poderoso y Eterno, permite la conversión de los pecadores de este mundo. Que seamos capaces de encontrar en los siete dones del Espíritu Santo la gracia suficiente y necesaria para cumplir tu santa voluntad expresada en los diez mandamientos. Te lo pido por los méritos de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

PRÓLOGO

ANTECEDENTES HISTÓRICOS E INTERPRETACIÓN

CAPÍTULO I - Versículos Uno al Tres: COMIENZO DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO I - Versículos Cuatro al Ocho: SALUDO A LAS IGLESIAS DE ASIA

CAPÍTULO I - Versículos Nueve al Once: PRESENTACIÓN DE JUAN A LAS IGLESIAS

CAPÍTULO I - Versículos Doce al Veinte: VISIÓN DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

CAPÍTULO II - Versículos Uno al Siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE ÉFESO

CAPÍTULO II - Versículos Ocho al Once: MENSAJE A LA IGLESIA DE ESMIRNA

CAPÍTULO II - Versículos Doce al Diez y siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE PÉRGAMO

CAPÍTULO II - Versículos Diez y ocho al Veinte y nueve: MENSAJE A LA IGLESIA DE TIATIRA

CAPÍTULO III - Versículos Uno al Seis: MENSAJE A LA IGLESIA DE SARDES

CAPÍTULO III - Versículos Siete al Trece: MENSAJE A LA IGLESIA DE FILADELFIA

CAPÍTULO III - Versículos Catorce al Veinte y dos: MENSAJE A LA IGLESIA DE LAODICEA

CAPÍTULO IV: LA GLORIA DE DIOS PADRE TODO PODEROSO

CAPÍTULO V: LA ENTRADA DEL CORDERO A LA GLORIA DE DIOS

CAPÍTULO VI - Versículos Uno al Ocho: LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO VI - Versículos Nueve al Once: EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

CAPÍTULO VI - Versículos Doce al Diez y siete: EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

CAPÍTULO VII: LA MULTITUD DE LOS SALVADOS

CAPÍTULO VIII: EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO IX: EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO X: LA PROCLAMACIÓN DE LA SANTA PALABRA DE DIOS

CAPÍTULO XI - Versículos Uno al Catorce: LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XI - Versículos Quince al Diez y nueve: EL TOQUE DE LA SÉPTIMA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XII: LA MUJER Y EL DRAGÓN

CAPÍTULO XIII: LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

CAPÍTULO XIV: LOS CIENTO CUARENTA Y CUATRO MIL EN EL MONTE SIÓN

CAPÍTULO XV: LAS SIETE COPAS

CAPÍTULO XVI: LAS PROFECÍAS DE LAS SIETE COPAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XVII: BABILONIA, LA GRAN PROSTITUTA

CAPÍTULO XVIII: LA CAÍDA DE LA GRAN BABILONIA

CAPÍTULO XIX: LOS CANTOS EN EL CIELO Y EL TRIUNFO DEL VERBO DE DIOS

CAPÍTULO XX: LOS MIL AÑOS Y EL ÚLTIMO JUICIO

CAPÍTULO XXI y CAPÍTULO XXII: LA NUEVA JERUSALÉN Y EL FINAL DEL APOCALIPSIS

LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO